De la publicidad subliminal al «engagement»

En los últimos años se ha puesto de moda una nueva forma de publicidad: el «engagement». Lejos de promocionar una marca o un producto, el engagement es una forma de estrechar lazos con el cliente o consumidor, una manera de entrar en su círculo de confianza, generando un sentimiento positivo y una fidelidad casi incondicional. La marca ya no se esfuerza en dar a conocer sus productos tanto como sus prioridades, sus valores, su forma de vida.

Apoyar causas solidarias, mostrar el modo en que cuidan el origen o el proceso de fabricación de sus productos, transmitir las sensaciones que provoca el uso o consumo de sus productos en el cliente… Lo importante es el cómo y no el qué.

Starbucks, BMW, Central Lechera Asturiana o Disney son algunas de las compañías que vienen optando por este tipo de publicidad. La primera vendiendo «experiencias» y no café, la segunda con su famosa campaña en la que se veía una mano que surcaba el viento, y la tercera por su anclaje en la tradición y los alimentos naturales. Disney por sus estándares de calidad, su apoyo a la infancia y a causas solidarias. Todas ellas son símbolos de un estilo de vida y la persona que se identifique con ese estilo se identificará con la marca. De incógnito, se instaura la sensación de pertenencia a un grupo.

Este tipo de publicidad no es nueva. En los años 50 comenzaba a gestarse una nueva forma de enviar mensajes al público sin que éste se enterara: la publicidad subliminal. Consistía en emitir mensajes por debajo del umbral de percepción. Alfred Hitchcock fue uno de los pioneros en utilizar esta técnica en películas como Psicosis, donde insertó un fotograma con la calavera de Norman Bates, que solo somos conscientes de ver si pasamos la película fotograma a fotograma. También Stanley Kubrick insertó mensajes ocultos en algunas de sus películas.

También han sido muy exitosas otras formas de publicidad como el product placement. La idea es olvidar la comunicación agresiva y optar por otras vías menos invasivas, pues el anuncio puro y duro puede provocar rechazo en el usuario, especialmente en el medio digital. En esta línea se encuentra también el marketing de contenidos y la reputación.

El marketing de contenidos ofrece contenidos de interés para el público. Por ejemplo, si mi producto es una marca de tomate, puedo crear un blog con recetas que incorporen este ingrediente. Si además consigo que este contenido sea valorado y compartido por los usuarios o clientes, ganaré en prestigio, lo que ahora se denomina «reputación».

Como ves, el mundo de la publicidad, la comunicación y el marketing están en constante evolución;-)

Crea tu tarjeta de visita

No hace mucho, todo profesional que se preciara iba provisto siempre de unas cuantas tarjetas de visita en su cartera, no fuera a ser que perdiera la oportunidad de establecer una relación de trabajo fructífera. No procedía sacar papel y boli para apuntar un número de teléfono…

Las cosas han cambiado. El teléfono móvil y la posibilidad de guardar en él no sólo números de teléfono, sino direcciones, correos electrónicos, notas…. han provocado la desaparición de la clásica «tarjeta de visita». Y digo clásica porque el concepto de tarjeta de visita no ha desaparecido. La sucesora de la aquella tarjeta hoy es, sin duda alguna, la página web. ¿Quién no tiene una? O al menos un perfil de Instagram, Facebook o Twitter. Casi cualquier empresa tiene una, y cada vez más profesionales se apuntan al reto. Si no estás en Internet eres invisible.

¿Tienes una tienda y te enfrentas a una drástica bajada de ventas? ¿Eres un/a profesional y estás pensando en ampliar tu cartera de clientes? Tal vez aún no lo sepas, pero la solución a tu problema tal vez esté en el E-Commerce. Si Mahoma no va a la montaña… Pónselo fácil a tus clientes, dales opciones. Ofréceles la posibilidad de reservarlo y recoger en tienda, de llevárselo a casa… Comunícate con ellos, pregúntales qué quieres y cómo lo quieren. Recoge sus opiniones a través de la web o mediante pequeños formularios que puedes enviar en forma de newsletters. O tal vez puedas introducirte en sus grupos de Facebook con publicaciones curiosas, interesantes, que capten su atención. Las posibilidades que nos da la red son casi infinitas. Recuerda que hay que adaptarse a los cambios, adelantarse si es posible, y, sobre todo, evolucionar.

¿Qué es la marca personal?

En la primera entrada de mi blog voy a contaros qué es eso de la «marca personal», y cómo puede beneficiarnos tanto en lo profesional como en lo personal.

Recordando a Doña Charo Porras, mi profesora de Teoría e Historia de la Publicidad en la universidad, compartiré contigo una interesante reflexión: «todo se compra y todo se vende. Incluso uno mismo.» Hay muchos arquitectos, muchos periodistas, muchos médicos… No es fácil destacar, ni siquiera cuando nos guía el sentido del esfuerzo, la responsabilidad y la excelencia. Crear una marca personal puede ayudar. Pero, ¿cómo hacerlo? El mundo digital, a través del webs, blogs y redes sociales es actualmente la clave. No basta con hacer cosas, hay que mostrarlas al mundo. Desarrolla tu marca personal, no tengas miedo a mostrarte tal y como eres. Y ten en cuenta una cosa: La mayoría de las veces «la única barrera eres tú. Sólo tienes que aprender a saltarte». Prueba, ensaya, analiza los resultados y lánzate a la conquista de internet. Hoy en día, si algo/alguien no está en internet no existe.

Conciliar trabajo y familia

¿Es posible conciliar trabajo y familia? Pues depende, claro está. Si las condiciones económicas y familiares son buenas, será más fácil que con un sueldo precario. No es lo mismo llegar a casa y sentarse un rato con la familia mientras te preparan la cena que tener que hacer la compra de camino a casa, recoger a los hijos, preparar la cena, recoger la cocina…

Con todo, lo cierto es que en España la conciliación es una asignatura pendiente. El confinamiento y la situación de crisis sanitaria por el Covid-19 ha puesto sobre la mesa el teletrabajo como medida de ayuda. Yo me pregunto si el teletrabajo que plantean las empresas es el que sus empleados pueden realizar. Los empresarios reducen gastos de luz, agua,,, podrían reducir el espacio de sus oficinas. Por su parte los empleados reducen gasto y tiempo en transporte. Pero surgen otras cuestiones como el enfriamiento o pérdida de relaciones sociales, las distracciones en el hogar, la atención a otras personas que conviven en el domicilio, como hijos o mayores a cargo… ¿Se tarda lo mismo en realizar un trabajo en la oficina que en casa?

La libertad de elección es en este, como en otros casos, una buena forma de lograr la conciliación. En función del puesto de trabajo y las circunstancias personales y familiares de cada persona, empleadores y empleados podrían llegar a un acuerdo, a una solución. Sin embargo, a mi juicio, la conciliación va más allá del teletrabajo. Horarios escolares y laborales deberían estar en sintonía. Es prácticamente imposible que una misma persona lleve y recoja a los niños del colegio. En algunos casos los padres optan por turnarse: uno lleva y otro recoge; pero el que llega más tarde a casa, casi ni ve a sus hijos. En otros casos son los abuelos o empleadas del hogar los que recogen y atienden a los niños porque los padres no pueden. Y eso los pequeños porque, ¿Qué pasa con los adolescentes que van solos a casa y allí esperan a sus padres? ¿Es que no necesitan ayuda? ¿Y los mayores? Yo no quiero ir a un centro de día, ni a una residencia. Tampoco quiero que me cuide un extraño. Quiero a mi familia. Quiero sentirme arropada, cuidada, querida. Todo esto me hace pensar que hay que preservar el concepto de familia, fomentar el desarrollo personal y profesional en el marco de la familia, abandonar la idea individualista del éxito profesional y reforzar el sentido de pertenencia a un grupo, ya sea la familia, la comunidad escolar, el equipo de trabajo, el conjunto de la sociedad…